viernes, 18 de mayo de 2012

Heinrich Bullinger


Heinrich Bullinger (18 de julio de 1504 - 17 de septiembre de 1575) fue un reformador suizo, el sucesor de Ulrico Zwinglio como jefe de la iglesia de Zurich y pastor de Grossmünster. Su figura fue mucho menos controvertida que la de Juan Calvino o Martín Lutero, y a pesar de que su importancia ha sido subestimada, la investigación reciente muestra que él fue uno de los teólogos más influyentes de la Reforma Protestante en el siglo XVI.

Vida

Hijo de Heinrich Bullinger, decano de la iglesia capitular, y de Anna Wiederkehr, nació en Bremgarten, Argovia. El obispo de Constanza, que era supervisor de la zona de Argovia, había sancionado extraoficialmente el concubinato clerical, pero luego se había renunciado a todas las penas de este delito a cambio de una cuota anual. Como tal, Heinrich y Anna fueron capaces de vivir como marido y mujer de forma virtual, señalando al joven Heinrich como el quinto hijo nacido de la pareja.

En 1519, a la edad de 15 años, sus padres, con la intención de que siguiera a su padre en la carrera clerical, fue enviado a la Universidad de Colonia, mientras en asunto de Lutero empezó a surgir. Bullinger sentía que tenía que decidir las cuestiones por sí mismo, y empezó un programa sistemático de lectura que se inició con "Sentencias" de Pedro Lombardo, luego comparándolas con los Padres de la Iglesia y la Biblia. En 1520, pasó a la examinación de los tratados de Lutero y la conclusión de que Lutero era más fiel a los padres de la iglesia y la Biblia. Ahora, un convencido de la doctrina de Lutero, Bullinger renunció a su intención anterior de entrar a la Orden de los Cartujos.

En 1522, Bullinger regresó a su casa, aceptando un puesto como director del colegio del claustro de la zona de Kappel, aunque sólo después de negociar condiciones especiales que significaba que él no tenía la necesidad de tomar los votos monásticos, o asistir a misa. En la escuela, Bullinger inició un programa sistemático de lectura de la Biblia y la exégesis para los monjes. Durante este período escuchó las predicas de Zwinglio y Jud en varias ocasiones; ademñas bajo la influencia de los valdenses, Bullinger tuvo una comprensión más simbólica de la Eucaristía. Se puso en contacto con Zwinglio en septiembre de 1524. En 1528, a instancias del Sínodo de Zurich, abandonó el claustro de Kappel para convertirse en un ministro ordinario de la parroquia.

En 1529 contrae matrimonio con Anna Adlischweiler, una ex-monja. Su matrimonio fue feliz y considerada como un ejemplo a seguir. Su casa estaba llena continuamente con fugitivos, colegas y personas en busca de consejo o ayuda. Bullinger fue un padre atento que cuidó de sus once hijos, con los que gustaba jugar, llevandolo a escribir numerosos versos de Navidad. Todos sus hijos se convirtieron en pastores.
Después de la derrota en la Batalla de Kappel (11 de octubre de 1531), donde cayó Zwinglio, la región de Argovia tuvo que regresar a la fe católica. Bullinger y otros dos pastores tuvieron que abandonar la ciudad. Después de haber ganado una reputación como unos de los líderes de los predicadores protestantes, Bullinger rápidamente recibió ofertas para ocupar el puesto de pastor de Zurich, Basilea, Berna, y Appenzell. Bullinger asumió el cargo de ministro de Zurich, pronto se granjeó la supervisión sobre los otros ministros de Zurich, cargo que más tarde sería conocido como el Antistes Zurich.

En diciembre del mismo año, fue, a la edad de 27 años, fue elegido para ser el sucesor de Zwinglio como antistes de la iglesia de Zurich. Él aceptó la elección sólo después de que el Consejo le había asegurado expresamente que se encontraba en su predicación "libre, independiente y sin restricciones", incluso si se requería la crítica al gobierno. Mantuvo su cargo hasta su muerte en 1575.

Bullinger rápidamente se estableció como un firme defensor del sistema eclesiológica desarrollada por Zwinglio. En 1532, cuando Jud propuso hacer la disciplina eclesiástica totalmente independiente del poder secular, Bullinger sostuvo que la necesidad de un conjunto independiente de los tribunales de la iglesia termina cuando el magistrado se convirte al cristianismo, y que en un lugar con un magistrado cristiano, las instituciones del Antiguo Testamento eran apropiados. Sin embargo, Bullinger no sostuvo que la iglesia debe estar totalmente subordinada al Estado.

Murió en Zúrich (1575) y fue sucedido como antistes por Rudolf Gwalther.

Fuente: Wikipedia.

bY LeMS

viernes, 4 de marzo de 2011

Archibald Thomas Robertson


Fechas:
(1863-1934)

Obras:
 
Armonía de los cuatro Evangelios (CBP); Estudios sobre el Nuevo Testamento (CBP/CLIE); Imágenes verbales en el Nuevo Testamento, 6 vols. (CLIE).

Datos Biográphicos:

Nació cerca de Chatham (Virginia, EE.UU.). Su conversión tuvo lugar cuando tenía 13 años de edad en Wake Forest (Carolina del Norte), donde su familia se había mudado. Desde entonces sintió el llamado de ser predicador del Evangelio. Predicó su primer sermón a la edad de 17 años. 

Realizó sus estudios en Wake Forest College (M.A., 1885) y en Southern Baptist Theological Seminary de Louisville (Kentucky, Th.M., 1888). En 1894 contrajo matrimonio con Ella Broadus, hija de su profesor J.A. Broadus (v.). Un año después fue elegido profesor del Nuevo Testamento, cargo que ocupó hasta el día de su muerte. 

En 1916 pronunció las famosas Conferencias Stone del Seminario Teológico de Princeton, y en el 27 las Conferencias Wilkinson del Seminario Teológico Bautista del Norte. 

Erudito, brillante, gozó de una bien merecida fama y prestigio entre los hombres de su generación. Escribió cuarenta y cuatro libros, incluyendo cuatro gramáticas griegas, catorce comentarios bíblicos y seis volúmenes de estudios de las palabras griegas del Nuevo Testamento, aparte de un buen número de biografías. 

En la mejor línea de los clásicos de la fe cristiana, combinó sus conocimientos académicos con un profunda piedad evangélica. Participó en doce Conferencias Northfield, dedicadas a promover la santidad y vida victoriosa en el creyente. Asimismo apoyó las campañas de avivamiento de D.L. Moody (v.). 

Fuente: Editorial Clie
By LeMS

Jay E. Adams


Datos Biográphicos:

N. en Estados Unidos. Realizó sus estudios en la Universidad de John Hopkins (Master en griego), en la Universidad de Missouri (Ph.D.); en el Seminario Reformado Episcopal (B.D.), en Temple University School of Practical Theology (S.T.M.). Cursó estudios de graduado en Pittsburgh-Xenia Theological Seminary y en Eli Lilly Fellowship de la Universidad de Illinois, bajo la dirección del Dr. O. Hobart Mowrer. 

Fue pastor en diversas iglesias en Pennsylvania y Nueva Jersey, con la Iglesia Presbiteriana Reformada y la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa. Fue profesor de teología práctica y directo de Estudios Avanzados en el Westminster Theological Seminary (California). Decano del Instituto de Estudios Pastorales en la Fundación Cristiana de Orientación y Educación (Laverock, Pennsylvania). En 1991 dejó su puesto en el Seminario Westminster para, junto a su yerno, dedicarse a la predicación y fundación de iglesias en Carolina del Sur. 

Influenciado, primero, por los escritos del profesor de psicología O. Hobart Mowrer (autor de Crisis en Psiquiatría y Religión y El nuevo grupo de terapia), que desafían la existencia misma de la psiquiatría institucionalizada y los falsos dogmas de la psiquiatría moderna, fue a estudiar, después, y trabajar con él. A. aprendió la necesidad del énfasis psicológico en la responsabilidad personal: que los problemas del “paciente” son morales, no médicos. “Llegué a casa sientiéndome profundamente deudor a Mowrer por llevarme de manera indirecta a la conclusión que yo, como ministro cristiano, hubiera debido haber mantenido desde el principio, esto es, que muchos de los “enfermos mentales” son personas que pueden ser ayudados por el ministerio de la Palabra de Dios” (Capacitado para orientar, p. 21). En la misma línea está el psiquiatra cristiano suizo Paul Tournier (v.). 

A. denuncia la naturaleza de las técnicas freudianas y rogerianas y defiende lo que él denomina la orientación noutética (del griego nouteteo: amonestar, advertir, instruir). 

En 1991 dejó su cátedra en el Westminster Theological Seminary, para hacer obra pionera de fundación de iglesias en Carolina del Sur, junto a su yerno. 

Fuente: Editorial Clie.

By LeMS

jueves, 20 de enero de 2011

Simon J. Kistemaker

Simon J. Kistemaker es egresado de Calvin College, el Seminario Teológico Calvin y la Universidad Libre de Ámsterdam. Fue ordenado en el ministerio de la Iglesia Cristiana Reformada y sirvió a la iglesia en Vernon, British Columbia, Canadá.

Ha enseñado en Calvin College, , Dordt Collage y el Seminario Teológico Reformado, donde llegó a ser profesor de Nuevo Testamento en 1971 y aún sirve hoy como profesor emérito. Kistemaker es un profesor internacionalmente reconocido y autor de numerosos libros, incluyendo The Parables, The Gospels in Current Study, y, aportes en la serie de Comentarios al Nuevo Testamento, iniciado por su predecesor, William Hendricksen. 

Kistemaker aportó Comentarios sobre Hechos, 1 y 2 Corintios, Hebreos y las Epístolas de Santiago, Juan, Pedro y Judas y Apocalipsis. Cuatro de ellos recibieron el Premio Medalla Dorada de la ECPA (Evangelical Christian Publishers Association). Sirvió en la Sociedad Teológica Evangélica primero como presidente y luego como tesorero por dieciocho años.

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miércoles, 5 de enero de 2011

William Hendriksen

Fechas:
(1900-82)

Datos Biográphicos:
N. en Tiel (Holanda) emigró a Norteamérica a la edad de 10 años. Trabajó durante el día y estudió por la noche hasta conseguir una beca en el Calvin College de Grand Rapids (Michigan). Allí se graduó en teología en 1921 y se doctoró en 1934. Obtuvo un segundo doctorado en el Princeton Theological Seminary. Ordenado al ministerio de la Iglesia Cristiana Reformada sirvió como pastor en varias congregaciones del estado de Michigan.

Fue profesor del Nuevo Testamento en el Seminario Calvino a partir de 1943, junto a Louis Berkhof (v.). Lingüista nato llegó a leer en más de 20 idiomas. Aprendió el español después de jubilarse de su labor pastoral.

Sus comentarios al NT son de los más apreciados y leídos en el mundo evangélico. En ellos auna la erudición y la espiritualidad; la exégesis y la pastoral; la fe y la práctica, como ningún otro antes lo había conseguido, a excepción de C. Hodge (v.) y Calvino (v.).

Reformado en soteriología y eclesiología, defendió y popularizó el amilenialismo en escatología. Su influencia se ha dejado sentir en muchos autores evangélicos posteriores. Murió sin terminar su proyectado comentario a todo el Nuevo Testamento, que fue continuado por Simon J. Kistemaker.

Formó parte del comité que se encargó de la edición de la nueva versión internacional de la Biblia en inglés (NIV).

Obras Disponibles: La Biblia sobre la vida venidera; Más que vencedores (Apocalipsis); El Pacto de Gracia; Comentario del Nuevo Testamento, 9 vols. (todos publicados por SLC).

fuente: www.iglesiareformada.com



By LeMS

martes, 14 de diciembre de 2010

Robert Dick Wilson

La historia del Dr. Robert Dick Wilson es un testimonio extraordinario de lo digna de confianza que es la Biblia. La erudición de Wilson, todavía no superada en muchos sentidos, dio al Mundo una evidencia irrefutable de que el Antiguo Testamento es un documento preciso y digno de confianza. Robert Wilson nació en 1856 en Pensilvania. En 1886 recibió el grado de doctor. Siguió sus estudios en el Seminario Teológico Western en Pittsburgh, seguidos de dos años en Alemania en la Universidad de Berlín.

A su llegada a Alemania, el profesor Wilson tomó la decisión de dicar su vida al estudio del Antiguo Testamento. Relata así su decisión: “Tenía yo veinticinco años en aquel entonces, y creía, de acuerdo con la duración de vida de mis antepasados, que llegaría a los setenta; por tanto me quedaban cuarenta y cinco años para trabajar. Dividí ese período en tres partes. Los primeros años para dedicarla al estudio de los idiomas necesarios. Los segundos quince años los dedicaría al texto de Antiguo Testamento. Y reservé los últimos quince años para el trabajo de escribir los resultados de mis estudios e investigaciones previos y darlos a conocer al Mundo. Los planes del Dr. Wilson se realizaron casi con la exactitud del proyecto y sus logros fueron verdaderamente maravillosos.

Cuando era seminarista, leía el Nuevo Testamento en nueve idiomas diferentes, incluso una traducción hebrea que él había memorizado silaba por sílaba. Wilson también aprendió de memoria extensas porciones del Antiguo Testamento en su original hebreo. Aunque parezca increíble, Robert Dick Wilson dominaba 45 idiomas y dialectos. El Dr. John Walvoord, rector del Seminario Teológico de Dallas, dijo que el Dr. Wilson era “probablemente la mayor autoridad de los idiomas antiguos del Oriente Medio”.

El Dr. Wilson comentaba sobre sus logros de erudito, al relatar por que se dedicó a una tarea tan monumental:” La mayoría de nuestros estudiantes solían ir a Alemania y oían a profesores que daban conferencias que eran resultado de sus propios esfuerzos. Los estudiantes aceptaban todo, porque el profesor lo decía. Yo fui allí a estudiar, para que no hubiera ningún profesor sobre la faz de la Tierra que se convirtiera en autoridad para mí, ni dijera nada sin que no pudiera investigar las evidencias que lo sustentaban.

Considero que, para investigar las evidencias, era necesario, primero que todo, conocer los idiomas en los cuales se daban las evidencias. Entonces tomé la decisión de aprender todos los idiomas que me ayudaran a entender mejor el hebreo y también los idiomas a los cuales se hubiera traducido la Biblia hasta el año 600 d.C. para poder investigar el texto yo mismo.

Después de hacer esto, me considero un experto. Reto a cualquier persona a hacer un ataque al Antiguo Testamento, fundado en una evidencia que yo no pueda investigar. Puedo obtener toda la información si es lingüística. Si esa persona sabe un idioma que yo no sé, lo aprenderé.”

Wilson desafiaba a otros que se llamaban “expertos” en el Antiguo Testamento, demandando que probaran sus conocimientos antes de hacer declaraciones en cuanto a su historia y texto.” Si se dice que un hombre es experto, lo primero que hay que hacer es establecer que realmente lo es. Un experto puede valer más que otro millón de testigos que no lo sean. Antes que un hombre tenga el derecho de hablar de la historia, el idioma y la paleografía del Antiguo Testamento, la Iglesia cristiana tiene el derecho de exigir que tal persona demuestre su capacidad de hacerlo.”

El Dr. Wilson cumplió con su propio desafío. Durante cuarenta y seis años, se dedicó a la gran tarea de estudiar el Antiguo Testamento, investigando con cuidado las evidencias de que era históricamente digno de confianza. Apoyado en sus credenciales, estaba en una posición mejor para hablar como experto, que ninguna otra persona. Los resultados de sus investigaciones lo llevaron a la firme convicción de que “en el Antiguo Testamento tenemos un relato histórico verdadero de la historia del pueblo israelita.”

Como profesor en Princeton, el Dr. Wilson ganó fama internacional de ser erudito y defensor de la fe cristiana histórica. El interés principal del Prof. Wilson en su enseñanza fue dar a sus estudiantes “una fe inteligente en las Escrituras del Antiguo Testamento, que nunca dudaran de ellas en toda su vida”. Trató de demostrarles que hay bases lógicas para creer en la historia del Antiguo Testamento.
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bY LeMS

martes, 16 de noviembre de 2010

James Oliver Buswell

 Fechas:
(1895-1975)

Obras:

Teología Sistemática, 3 tomos: I, Dios y su revelación; II, El hombre y su vida de pecador; III, Jesucristo y el plan de salvación (LOGOI);Cristo, su Persona y su Obra (FLET/Unilit)

Datos Biográphicos:

N. en Mellon (Wisconsin, EE.UU.). Estudió en la Universidad de Minnesota (A.B., 1917), en el Seminario Teológico McCormick (B.D., 1923), en la Universidad de Chicago (M.A,. 1924) y en la Universidad de Nueva York (Ph.D., 1949).

Ordenado en la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (1918). Durante la lª Guerra Mundial sirvió como capellán del ejército (l918-19). Pastoreó diversas iglesias presbiterianas y reformadas en Minnesota, Wisconsin y Brooklyn (1919-26). Como Presidente de Wheaton College (Illinois, 1926-39), atrajo al colegio gran número de estudiantes -el mayor de toda la nación-, por su devoción y rigor intelectual. Muchos líderes evangélicos de la siguiente generación se formaron en Wheaton en aquel tiempo. Gordon H. Clark (1902-86) ejercía como profesor de filosofía.

En 1936 fue expulsado del ministerio presbiteriano por su relación con una junta misionera presbiteriana independiente, de corte conservador, en la que se encontraba J.G. Machen (v.). Pasó a ser profesor en el recién fundado Seminario Teológico Fe (Wilmington, Delaware, 1939-40). También fue profesor en el Instituto Bíblico Nacional de Nueva York ( Shelton College, en la actualidad, 1941-55). Fue, además, profesor y presidente, del Covenant Theological Seminary ( St. Louis, Missouri, 1955-69).

Participó activamente en la controversia fundamentalista, al lado de J.G. Machen (v.), entre otros. Su doctrina premilenial no dispensacionalista en escatología le llevó a enfrentarse con los que no admitían semejante esquema en la tradición reformada, pese a su firme defensa del calvinismo ortodoxo. Junto a Carl McIntire (n. 1906) quiso construir un movimiento fundamentalista con bases más amplias que el calvinismo estricto de Machen.

Fue presidente de la asociación de Iglesias Fundamentalistas Independientes de América.

En su teología dio un lugar muy importante a la defensa racional de la fe y a las pruebas de la existencia de Dios, en la línea de Tomás de Aquino, aunque enfocado desde una perspectiva personal. 

fuente:  http://www.clie.es

bY LeMS

jueves, 2 de septiembre de 2010

Arcadio Morales

Éstas son las únicas páginas de la autobiografía de mi amado padre, fueron halladas sólo por obra de la providencia, pues entre tantos libros y escritos que dejó jamás la habíamos encontrado. Si algún beneficio reportan estas líneas de aquel que fue llamado el “Moody mexicano”, que sea todo para la gloria de aquel que lo llamó, según el intento suyo y gracia, el Señor Jesucristo.

Su hija menor,
Guillermina Morales F.
Coyoacán, 2 de agosto de 1975


El 12 de enero de 1850, a las cinco de la tarde nació Arcadio, hijo de Benito Morales y Felipa Escalona en la ciudad de México, en el callejón de San Simón número 3.

Hasta la edad de 9 años, Arcadio Morales había vivido con relativas comodidades, habiendo aprendido a leer a los 5 años y malamente pintar letras hasta los 9, aunque a costa de muchos y crueles castigos como se enseñaba en México hace 50 años*.

Entonces, habiéndose acabado mis recursos, mi desgracia me puso en contacto íntimo con un dulcero, hombre pobre sin instrucción ni educación de ninguna clase, borracho, blasfemo, pendenciero, malo por los cuatro lados. Este señor me enseñó a hacer dulces y después venderlos, llevándome consigo a pie, sin zapatos, muchas veces hambriento, en calzoncillos y mangas de camisa, relacionándome en esta triste situación con la gente de la más baja clase de la ciudad de México y sus alrededores. Quien me hubiera visto a tan temprana edad en compañía de soldados, presos, comerciantes vagabundos, borrachos y gente perdida en todos los sentidos, habría asegurado con razón que sólo me esperaba la cárcel y la infamia como único porvenir.

Pero Dios me había concedido una gracia y era el amor al trabajo honrado; no puedo olvidar hasta hoy, después de 45 años, la satisfacción tan grande que me causó el hecho de haber ganado mis primeros dos reales en la venta de mis dulces y contribuir con ellos al sostén de mi madre y de mi hermano Felipe. Más tarde, cuando ya contaba 12 años de edad, ganaba en el mismo negocio de 6 a 9 reales diarios, con lo que mantenía a mi familia.

Así vivía y habría pasado toda mi vida si no acontece un día por Navidad, que hallándome resfriado en mi casa, una señora me ofreció medio real por llevarle una mesa hasta la Plaza de Armas, a lo que accedí con mucho gusto; esto pasaba de noche, pero al volver de mi mandado yo tenía un tifo mortal que a duras penas se me pudo cortar, pero ¡santo tifo! ¡Bendito tifo!, porque esta circunstancia hizo que mi madre se resolviera a quitarme de dulcero y hacerme aprender un oficio más hermoso cuando me aliviara por completo. Yo me oponía seriamente, ante nuestra carencia completa de recursos, para aprender un oficio en que tardaría cuando menos dos años sin ganar nada, pero mi madre era inflexible una vez que había tomado una resolución y no tuve más que obedecerle y aprender el oficio de hilador de oro a la edad de 13 años.

Esta parte de mi historia ha sido hasta aquí y si en esta ocasión me atrevo a revelarla es con el fin que voy a indicar. Primero, para que Dios sea glorificado por mí, comprobándose una vez más en la vida que Él escoge en su soberana gracia vasos de barro, para depositar en ellos sus favores para que la alteza sea de Él y no de los hombres. Segundo, para que los niños y jóvenes que tengan conocimiento de esta historia no se desanimen en las pruebas y luchas de la vida ni se avergüencen del trabajo manual por vil que parezca y tercero, para que el evangelista mexicano, el doctor Arcadio Morales, redactor de El Faro, el diariamente llamado a brillar en la corona de Cristo, no se envanezca jamás ni olvide nunca que fue misericordiosamente salvado por la mano de su Padre Celestial de un estado infeliz de miseria y pecado.

Por los años de 1878 y 1879, mi madre halla base en la pequeña población de Zacualtipán, que en ese entonces pertenecía al Estado de México; posaba en casa de un abogado en donde se leía la Biblia todas las noches. No era un culto familiar porque no había oración ni cantos, pero sí se comentaba la lectura del Santo Libro todas las noches, quedando mi madre tan prendada de esa lectura que cuando volvía a nuestro lado nos hablaba con calor de un libro, que sin ser de los sacerdotes, enseñaba cosas muy buenas en verdad. Por supuesto que entonces no había Biblias en la capital de la República sino en poder de los curas, quienes tenían buen cuidado de ocultarlas de la vista del pueblo, pero la buena Providencia de Dios quiso que cuatro años después, cuando yo entré a aprender el oficio, allí entre una vitrina de libros que tenía mi maestro, el señor Aguilar, se encontrara la Biblia y se me permitiera leerla. ¡Qué día tan feliz fue aquel cuando pude volver a casa diciéndole a mi madre que el maestro tenía las Sagradas Escrituras y que me concedía libertad de leerlas! Desde entonces, es decir, por espacio de 43 años somos conocidos el Libro de Dios y yo. Por supuesto que yo no entendía lo que leía y más bien se pudiera decir que era una inocente diversión para mí; me recreaba leyendo acerca de la creación, de las plagas de Egipto, de las guerras de Israel y algo del Nuevo Testamento. Lo que siempre me impresionaba era la idolatría, pero con todo yo seguía siendo un ferviente católico: me confesaba, hacía penitencias, peregrinaciones a la Villa de Guadalupe porque no había quién me enseñara, pues aunque mi madre era completamente opuesta al romanismo, nada sabía de la salvación de Cristo y además, casi ni sabía leer.

Por fin, después de otros seis años de espera, un martes, cuando yo volvía del trabajo, mi madre me recibió con la noticia de que la habían invitado a un culto protestante que existía en la calle de San José del Real número 21, porque se iba a celebrar un bautismo; como yo era un fanático católico me escandalicé de estas invitaciones, y tanto me escandalicé al saber que mi madre que era la invitada, no podría concurrir y me mandaba a mí; yo me resistía, pero mi madre no retrocedió y tuve que ir casi como quien va al patíbulo llevado por el señor Julián Rodríguez, tío del señor Manuel Zavaleta.

La capilla estaba en alto. Cuando íbamos subiendo yo sentía que el suelo era de algodón y mi corazón latía fuertemente. Hubiera querido escaparme, pero era imposible. Por fin llegamos al lugar del culto y para sorpresa mía me cercioré de que los protestantes no tenían cuernos, ni cola, ni patas de gallo, ni olían a azufre… y me tranquilicé. Y cuando el señor Lauro González tomó a mi antiguo amigo —el Libro—, la Biblia en sus manos y leyó en él el capítulo tercero de Mateo, entonces me volvió la sangre al cuerpo. Siguió la ceremonia del bautismo y concluyó el culto, y cuando le pregunté que si en eso consistía el protestantismo me dijeron que sí, dije que yo ya había sido protestante hacía algún tiempo… y desde aquel día quedé completamente separado del romanismo hasta el día de hoy. A los ocho días justamente se invitó a los presentes a pasar a la tribuna a expresar sus convicciones, y yo tuve el atrevimiento de pasar y comenzar una carrera que ha durado 37 años sin interrupción alguna, gracias a Dios.

A los pocos meses establecí en mi propia casa el culto, el culto evangélico en la calle de Garrapata número 2. Esta congregación era la tercera porque los cuáqueros ya habían establecido la segunda en la calle de San José del Real y después en la calle de Las Maravillas. Pero no hice profesión de fe sino después de haber predicado y de haberme sostenido con mi trabajo manual por espacio de cinco años.

Naturalmente, se preguntarán: ¿qué hizo este pobre muchacho para saber algo? Pues debo decir que desde la edad de 16 años experimenté un vivo deseo de instruirme aprovechando de todas las oportunidades que se me presentaban: libros, periódicos, folletos, todo lo que podía lo leía con interés, al mismo tiempo que desempeñaba mi trabajo manual, pero quien me ayudó mucho fue el doctor en Teología don Ignacio Ramírez Arellano, ex fraile dominicano. Este señor nos enseñó día a día por varios años filosofía, retórica, exégesis, historia y otras cosas; las clases duraban una o dos horas en la noche de 7 a 9 y no me acuerdo de haber faltado una sola vez.
Más tarde, los señores Aguas y Palacios nos dieron algunas clases de filosofía, pero en verdad fueron contadas esas clases. Por supuesto todos los libros nos venían de la Sociedad Americana de Tratados; los devorábamos con ansia porque eran los únicos que había de nuestra religión. Por entonces yo tenía que predicar dos sermones semanarios sin dejar de trabajar para vivir, por supuesto. Cuando el señor Riley llegó al país no había más que una pequeña congregación que dirigía el señor Sóstenes Juárez en la calle de San José del Real. Él había llegado a la congregación solamente unos días antes que yo, siendo el que tuvo la dicha de introducir el canto evangélico y establecer la Escuela Dominical.

Mi señora madre se asustó al verme abrazar el protestantismo, pues le parecía que iba yo demasiado lejos y aunque era liberal y despreocupada, todavía conservaba en su casa la imagen de la virgen de Guadalupe, hasta el día en que establecí el culto en mi propia casa, ella misma tomó el ídolo guadalupano y lo quemó. Después, en la misma Biblia aprendió a leer a los 42 años, siendo fiel hasta el último momento de su vida y una hora antes de dejar esta vida, hablaba de la Palabra de Dios. Para que se vea cuál era el temple de su carácter debo citar dos cosas. El primero se refiere a mi viaje a Puebla como colportor, hace 36 años. Le pedí consejo, advirtiéndole que la misión era muy peligrosa y ella me dijo: “Ve, el Señor te protegerá”.

Estando allí le escribía que la misión era cada vez más peligrosa, pero me contestaba: “Estamos orando por ti, no temas, sigue adelante”. Por fin nos asaltaron los católicos, en número como de 3 mil hombres, hubo dos muertos y varios heridos. Los de México tuvimos que huir de la ciudad angelina; yo venía con un machetazo en el brazo izquierdo y una “rotura” en la cabeza. Cualquiera otra madre hubiera ido a esperarme llorando a la estación, ella no; me esperó en la casa con el médico y lo necesario para la curación. Quiso ser la primera en ver las heridas y luego me dijo: “No es cosa de riesgo, dentro de pocos días estarás enteramente bueno”. Debo añadir que mi madre era india, de raza pura y de un corazón bondadoso y tierno, aunque sumamente enérgica.

Yo pude notar la presencia del Espíritu en su corazón; me parece que era como el caso de Moisés en las aguas de Mara, endulzadas cuando obedeció a Dios e introdujo la vara que el Señor le ordenó. Uno de mis más grandes gozos en el cielo será el volver a ver a mi madre.

Cuatro veces, contando con lo de Puebla, estuve a punto de morir en manos de los enemigos en medio de motines. Una vez fui arrastrado por un río con todo y caballo en Amacuzac, Guerrero. Los jesuitas compraron a una visitadora que tenía que hacerme una acusación muy seria; consiguieron dos testigos falsos que me acusaban de haber faltado a dos maestras, diciendo que eran mis sobrinas.

Lograron que el señor J. Milton Greene llegara a decirme: “Mientras se aclaran las cosas es necesario que usted deje de predicar”. Jamás he tenido una prueba más grande a pesar de sufrir tanto, que creo que una noche encanecí; no dije nada a mi esposa ni a mis hijos, sólo a mi Señor, teniendo la dicha de que a las 24 horas, la pobre mujer estuviera de rodillas ante el señor Greene confesándole que le habían pagado 500 pesos por calumniarme. Las dos mujeres se volvieron al romanismo.

Creo que este es el momento de decir que antes sufría mucho de la garganta y el médico me advirtió que si no dejaba de predicar me vendría una crisis que me atacaría y rápidamente moriría. No obedecí al médico y mientras he predicado otros 23 años, él ya murió. Otro médico, amigo mío, al ver que sufría intensos dolores de cabeza, me dijo que si seguía trabajando tan intensamente en un mes moriría hablando o caminando en la calle y mi muerte sería instantánea. Lo cierto es que después de su diagnóstico he trabajado como nunca 11 años más y no he muerto, mientras algunos jóvenes robustos, fuertes, han descendido uno tras otro al sepulcro yo estoy al frente de la obra que el Señor se ha servido encomendarme. ¡Gloria sea a Él!

Voy a decir cómo vivo actualmente [aproximadamente en mayo de 1906].

Me levanto a las 6 o 6:15 en invierno y en verano a las 5; en mi cama doy gracias a Dios, inmediatamente hago ejercicio con unas barras de fierro por espacio de media hora; después de asearme principio mis tareas leyendo cartas o contestándolas, buscando textos o consultando libros hasta la hora del desayuno que se sirve a las 7:30. Después del culto familiar vuelvo a mi escritorio a escribir y estudiar hasta las 10 de la mañana, doy grasa a mi calzado, visito una escuela y hago una o dos visitas domiciliarias, volviendo a casa a la una del día. Tomo mis alimentos en compañía de mi familia y vuelvo a efectuar otras visitas hasta las 5 de la tarde. A las 6 tomo mi leche que me tiene mi esposa en una botella, me pongo algo de pan en la bolsa y me voy los martes a predicar a San Pedro y San Pablo. Los miércoles predico en El Divino Salvador, jueves en Santa Ana o Lerdo, viernes en San Pedro o San Pablo o a la colonia de La Bolsa. Los lunes y sábados a la clase normal en El Divino Salvador o a San Pedro y San Pablo. Como ya es de noche, en la calle mientras viene el tren, tomo mi leche y mi pan antes de entrar al templo en donde predico y vuelvo a casa a las 9 o 10 de la noche, tengo unos momentos de conversación con la familia y con esto concluyo el día. Ésta ha sido mi costumbre por muchos años. Como una buena parte del día la paso en tren, allí me llevo mis cartas, periódicos y libros para prepararme y con lápiz hago mis apuntes para sermones o trabajo periodístico, al cual consagro las primeras horas de cada día. Como hace 21 años que sufro del hígado y no puedo andar para hacer mis visitas pastorales, me valgo del tren o coche por regla general, pero cuando no hay estos medios voy en burro, en carretón de la ladrillera, el carro de leche en parihuela, en silla de ruedas, en un sillón con unas barras que llevan dos hombres o bien a caballo, con una silla especial y, ¡ay de mí!, reconozco que poco a poco voy perdiendo terreno en este particular, pues no puedo andar sino unos cuantos pasos sin sufrir y después de la predicación mi mayor placer consiste en visitar.

Tengo nueve congregaciones bajo mi responsabilidad, ocho escuelas dominicales, cinco escuelas diarias, siete sociedades de Esfuerzo Cristiano, tres cárceles; además la presidencia de la Asociación de Ministros Evangélicos en la Ciudad de México y la de la Junta Misionera del Sínodo. Pero confieso que muchas veces siento que la cabeza me quiere reventar, aun el habla se me entorpece por el exceso de trabajo intelectual, no obstante que no fumo ni bebo, ni tomo café ni ningún té, con todo, mi sistema nervioso se agota completamente, particularmente cuando no puedo descansar los lunes.

Cuento con 29 colaboradores bondadosos trabajando en mi compañía sin cesar, tocando, dirigiendo cultos, sociedades de Esfuerzo Cristiano, haciendo oficios de guardatemplo, reuniendo dinero, visitando, trabajando de cualquier otra manera.
Una experiencia que me ha sido muy saludable en el trato con estos colaboradores es ésta: cuando yo me sostenía con mi trabajo manual y predicaba, por desgracia los que dirigían la obra evangélica no me trataban bien por dos razones: primera, porque yo no había estudiado en ningún colegio, y segunda, no tenía bastante dinero como los que eran sostenidos por las misiones; no tenía levita, ni sorbete, ni guantes, ni zapatos de charol y materialmente era yo la oveja prieta en el rebaño. Esto me lastimaba y el recuerdo de aquellas heridas me ha servido mucho para tratar a las personas no por sus títulos, sino por su fe y sus acciones; otra cosa que me ayuda es la paciencia, esperando que el que hoy lee, ora o predica mal, mañana lo haga mejor, corrigiendo con dulzura y buen modo sus defectos, ayudándolo a mejorar. También en esto sufrí con mucha acritud.

* La fecha a la que se refiere es entre 1855 y 1860.
El original es una transcripción mecanografiada por Guillermina Morales F., proporcionada por Eugenia Amador de Miranda, bisnieta del doctor Arcadio Morales, primer pastor de la Iglesia El Divino Salvador del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Fuente: http://www.publicacioneselfaro.com.mx


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viernes, 27 de agosto de 2010

John Alexander MacKay

Datos Biográphicos:

N. en Inverness (Escocia), en una familia de piedad y rigor calvinista. Convertido a los 14 años mientras leía la carta a los Efesios, “al contemplar un mundo nuevo. Ahora tenía una nueva perspectiva, con su nueva experiencia, y con su nueva actitud para con la demás gente. Ahora amaba a Dios. Jesucristo se me tornaba el centro de todo lo posible” (El orden de Dios, p. 17). 
Estudió en la Universidad de Aberdeen (M.A., 1912) y en el Seminario Teológico de Princeton (EE.UU., B.D., 1915). En la Universidad de Madrid (España) estudió bajo el catedrático y filósofo Miguel de Unamuno, cuya personalidad dejó en él huellas profundas.. En 1916 fue ordenado al ministerio de la Iglesia Libre de Escocia y enviado a Lima (Perú) como misionero pedagogo, en compañía de su esposa Jane Logan.

Doctorado en la Universidad Nacional de Perú (1918), fue el primer protestante en ocupar una cátedra de filosofía en el país (1925), concretamente la cátedra de Historia de la Filosofía Moderna, en la Universidad de San Marcos, en Lima. Toda su vida había estado guiada por su amor a la filosofía y el ardor por la causa cristiana. Como parte de su tarea misionera fundó el Colegio Anglo-Peruano de Lima (1917) del que fue su Director hasta 1925 y donde colaboraron personajes ilustres del país. También colaboró con la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) durante seis años (1926-32), escribiendo y dando conferencias, tanto en Perú como en México 

Robert E. Speer (1867-1947), pionero en el ecumenismo y escritor, le animó a unirse a la Junta de Misiones Extranjeras de la Iglesia Presbiteriana del Norte, en EUA, como Secretario para Latinoamérica y Africa (1932). En 1937 participó por primera vez en una conferencia del Concilio Mundial de Iglesias, del que llegó a ser una figura destacada y central. 

Gracias a la influencia de Speer, Mackay fue nombrado Presidente del Seminario de Princeton y profesor de ecumenismo (1936-59). Cristocéntrico, animoso, logró que el seminario superara las controversias del pasado respecto al fundamentalismo versus liberalismo, y recuperara su estabilidad e influencia. En 1944 fundó y editó la revista Theology Today. Fue Moderador de la Asamblea General de su denominación en 1953 y Presidente de la Alianza Presbiteriana Mundial entre 1954 y 1959; así como del Consejo Misionero Internacional. En total desempeño alrededor de 35 cargos nacionales e internacionales de importancia, dictó una veintena de series de conferencias y recibió otros tantos doctorados y títulos honoríficos de universidades e instituciones diversas. Murió el 9 de junio de 1983. 

Fue el primero en predicar en la capilla de Juan Huss, en Hungría, después de haber estado cerrada 300 años. Su testamento espiritual puede resumirse en una carta dirigida en 1970 al argentino Luis E. Odell, que decía: “Cada vez siento más intensamente que la suprema necesidad que experimentamos hoy en día en la Iglesia y en el mundo, es lo que designo como un «renacimiento evangélico», con lo cual quiero decir: un redescubrimiento del Evangelio de Cristo en su dimensión más plena, abarcando el acontecer histórico, la realidad teológica, la experiencia personal, el celo evangelístico y la preocupación social con sus implicaciones políticas. Estos fundamentos cristianos, que están siendo descuidados y aun olvidados, deben ser redescubiertos, proclamados y aplicados; pero en todo caso, esto es cierto: Jesucristo, el Señor de la Historia y de la Iglesia, tendrá la última palabra” (Carta Circular, nº 61).

http://www.clie.es


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miércoles, 11 de agosto de 2010

Justo L. Gonzalez

Justo L. González es historiador, teólogo y escritor. Ha contribuído al desarrollo de la teología protestante en América Latina.

Educación

Justo L. González nació en La Havana Cuba el 9 de agosto de 1937. Su madre, Luisa García Acosta, fue profesora de literatura española y autora de libros sobre gramática y ortografía. Su padre, Justo González, fue el fundador de la organización Alfalit, especializada en la labor alfabetizadora y en la edición de libros cristianos para apoyarla. De ellos ha heredado sus brillantes dotes de escritor.

Casado con Rev. Dr. Catherine Gunsalus González, Profesora emérita de Historia de la Iglesia del Columbia Theological Seminary.

Estudió en el Seminario Unido en Cuba, recibió su M.A. en Yale, y luego recibió el Ph.D. Ha sido la persona más joven en obtener el doctorado en Teología Histórica en dicha institución. Fue profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico durante varios años. Luego se agregó a la facultad de la Candler School of Theology de Atlanta (Georgia, EE.UU.). Actualmente se dedica a las labores literarias, en las que su producción ha sido prolífica y de mucho valor.

Obras escritas

Entre 1984 y 1985 González escribió el libro La Historia del Cristianismo, en dos tomos, donde presenta la historia eclesiástica desde los tiempos de la iglesia primitiva hasta el presente. Esta obra había sido editada en 1978 por Editorial Caribe bajo el título: "Y hasta lo último de la tierra: Una historia ilustrada del Cristianismo" en 10 tomos. Ha sido el autor de un libro de tres tomos llamado Historia del pensamiento Cristiano. Esta obra fue editada por primera vez en Buenos Aires, en 1965, por Methopress, en 3 tomos, pero fueron editados solamente 2 tomos. La actual edición de Historia del Pensamiento Cristiano está en un solo tomo, edición de 1992 por Editorial Caribe. Sus obras son utilizadas con frecuencia como libros de texto en instituciones educativas y seminarios teológicos.

Otras obras en español de Justo L. González son:

Revolución y encarnación (Río Piedras, P.R.: La Reforma, 1965). (2a edic. 1966). Historia de las misiones (Buenos Aires: Methopress, 1970). Ambrosio de Milán (San José, Costa Rica: Centro de Publicaciones Cristianas, 1970). Jesucristo es el Señor (España: Editorial Caribe, 1971) Itinerario de la teología cristiana (San José: Caribe, 1975) Re-impreso, 1979. Luces bajo el almud (San José: Caribe, 1977). Bosquejo de historia de la iglesia (Decatur: AETH, 1995). Tres meses en la escuela de Mateo (Nashville: Abingdon Press, 1996). Tres meses en la escuela del Espíritu (Nashville: Abingdon Press, 1997). Tres meses en la escuela de la prisión (Nashville: Abingdon, 1997). Tres meses en la escuela de Patmos (Nashville: Abingdon, 1997). Desde el siglo y hasta el siglo: Esbozos teológicos para el siglo XXI (México: Seminario Teológico Presbiteriano, 1997). Tres meses en la escuela de Juan (Nashville: Abingdon, 1998). Juan Wesley: Herencia y Promesa (San Juan: Seminario Evangélico, 1998) Re-impreso por Aurora, 2004. Jonás (Buenos Aires: Kairos, 2000). Hechos (Miami: Caribe, 1992; re-impreso: Buenos Aires: Kairos, 2000). La Historia también tiene su Historia, (Buenos Aires: Kairos Ediciones, 2001). Mapas para la Historia Futura de la Iglesia, (Buenos Aires: Kairos Ediciones, 2001). La Historia como ventana al Futuro, (Buenos Aires: Kairos Ediciones, 2002) Retorno a la historia del Pensamiento Cristiano,(Buenos Aires: Kairos Ediciones,2004). (2a edic. 2009). Breve historia de las doctrinas cristianas (Nashville: Abingdon, 2007). Culto, cultura y cultivo (Lima: Puma, 2009)

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Justo_Gonz%C3%A1lez
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martes, 10 de agosto de 2010

Leon Morris

Datos Biográphicos:

N. el 15 de marzo de 1914 en Lithgow (Australia). Gracias al testimonio cristiano de algunos estudiantes se convierte a la fe durante sus días de universitario. Estudió en la Universidad de Sydney (B.Sc., 1934), el Seminario Australiano de Teología (Th.L., 1937), la Universidad inglesa de Londres (B.D., 1943, M.Th., 1946); Cambridge (Ph.D., 1952) y la austaliana de Melbourne (M.Sc., 1966). 

Trabajó con la Misión Minkipa del Sur de Australia de 1940 al 45. Fue Subdirector, primero, del Ridley College de Melbourne (1945-59), y Director, después (1964-79). Rector de Tyndale Hosue de Cambridge (Ingaterra, 1961-63). Ha dado conferencias en varios seminarios de latinoamericanos. 

Miembro de la Iglesia Anglicana de Australia es un distinguido y respetado exegeta del Nuevo Testamento, erudito, cuidadoso de desentrañar el significado original, evangélico en teología. “En lo básico todavía podemos considerar la Biblia fiable y usarla como criterio pleno de autoridad, no veo razón para abandonar la postura tradicional. Hay buenas razones para sostener que Dios ha hablado en la Escritura, y cuando Dios habla, la parte del hombre es oír y obedecer” (Creo en la revelación, p. 198). Tanto en escatología como en soteriología mantiene las doctrinas reformadas. 

fuente: http://www.clie.es

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viernes, 6 de agosto de 2010

F. F. Bruce

Datos Biográficos


 F. F. Bruce (1910-1990), ampliamente reconocido por su erudición, se inició como profesor a los veinticinco años de edad y desde 1959 hasta su jubilación, en 1978, ocupó la famosa Cátedra John Rylands de Crítica y Exégesis Bíblica en la Universidad de Manchester, Inglaterra. A lo largo de su brillante carrera académica escribió alrededor de cuarenta libros, incluyendo varios comentarios sobre libros del Nuevo Testamento, entre los cuales se cuenta La Epístola a los Hebreos.

N. el 12 de octubre de 1910 en Elgin (Escocia), en una familia perteneciente a las Asambleas de Hermanos. Su padre era predicador itinerante de las mismas. Fue bautizado y admitido en la membresía de su congregación local en septiembre de 1928. Bruce permaneció fiel a su denominación el resto de su vida. “Por mi propia experiencia con los Hermanos puedo decir que son el lugar ideal donde un teólogo laico puede poner sus dones al servicio de la iglesia” (Restrospect, p. 285)
Amante de la Biblia y de las lenguas clásicas, comenzó a estudiar griego y latín a la vez, a la edad de 10 años. En octubre de 1928 ingresó en la Universidad de Aberdeen. También estudió en la Universidad de Cambridge (Inglaterra, 1932-34) y en la de Viena (Austria, 1934-35), para sus estudios de graduación y doctorado, realizados con brillantez. 
Impartió clases de griego en las universidades de Edimburgo (1935-38) y Leeds (1938-47). Profesor de Historia Bíblica y Literatura en la Universidad de Sheffield (1947-59), y profesor de Criticismo Bíblico y Exégesis en la Universidad e Manchester (1959-78). 
Dictó conferencias en prestigiosas universidades de todo el mundo, como Marburgo (Alemania), Amsterdam (Holanda), Auckland (Nueva Zelanda) y Makerere (Uganda); y en seminarios teológicos como el Calvino de Grand Rapids (EE.UU.) y el Unión de Nueva York (EE.UU.). 
Presidente electo de la importante Sociedad de Estudios del Antiguo Testamento y de la Sociedad del Nuevo Testamento. 
Escribió cerca de 50 libros y varios miles de artículos, ensayos y reseñas. Su comentario a Hechos de los Apóstoles en el texto griego (1951) marcaron el comienzo de una nueva era en los estudios bíblicos, para el mundo evangélico, al ser considerado seriamente por la comunidad académica. 
Aunque nunca estudió teología formalmente, fue un gran lector de ella y la Universidad de Aberdeen le confirió un doctorado honorífico en divinidades en 1957. 
Casado con Betty Davidson, también de los Hermanos y buena conocedora de griego, tuvieron un hijo y una hija. Bruce murió de cáncer en su casa de Buxton (Derbyshire, Inglaterra), el día 11 de septiembre de 1990. 
 “Lo que más impresión me causa es la claridad creciente con la que veo la gracia justificante de Dios, como el fundamento de mi pensamiento y de mi vida; accesible al ser humano por el sacrificio vicario de Cristo, apropiado por la fe. No puedo recordar un día en que no creyera esto como la esencia del Evangelio... Muchas de mis ideas son realmente conservadoras, pero las defiendo no porque son conservadoras -menos aún porque yo lo sea-, sino porque creo que son la postura a la que conduce la evidencia” (Restrospect, p. 309).
Obra

El Canon de la Escritura
En los pasos de nuestro Señor
En los pasos del Apostol Pablo
Hechos de los apostoles
Israel y las naciones
Un comentario de la epistola a los Galatas
Hombres y movimientos en la Iglesia Primitiva
La epístola a los Hebreos
Defensa apostólica del Evangelio
Israel y las naciones
El mensaje del Nuevo Testamento
¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?

Fuente: http://www.clie.es/
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lunes, 19 de julio de 2010

Horatius Bonar

Datos Biográphicos:

N. el 19 de diciembre en Old Brouhton (Edimburgo, Escocia), de todo un linaje de ministros del Evangelio. Tanto él como su hermano menor, Andrew, continuaron la tradición familiar.

Recibió su educación en la High School de Edimburgo, y después en la universidad de la misma ciudad. En ella tuvo por profesor a Thomas Chalmers (1780-1847), un hombre de grandes dones y de verdadera piedad, que tuvo una buenísima influencia sobre no pocos jóvenes aspirantes al ministerio sagrado. R.M. McCheyne (v.) fue uno de sus compañeros de estudio. No sabemos cuando llegó a tener conocimiento de su salvación, sólo que recibido a la comunión de su iglesia en Glenorchy en enero de 1830, a la edad de 21 años.

En 1837 fue ordenado al ministerio de la Iglesia de Escocia. Pastoreó la congregación de North Parish Church en Kelso. Seis años después, cuando tuvo lugar una división dentro de la Iglesia de Escocia y la formación de la nueva Iglesia Libre de Escocia, Bonar fue uno de los cientos de pastores que abandonaron la Iglesia oficial para ser pastor de la Iglesia Libre en el mismo Kelso. Durante veintitrés años estuvo en esa congregación, hasta que aceptó la invitación de la Chalmers Memorial Church de Edimburgo para ser su pastor (1866). Un crecimiento y bendición notable siguió a sus labores pastorales.

En 1883 fue elegido Moderador de la Asamblea General de la Iglesia Libre de Escocia. Su esposa murió en 1884, él cinco años después, un 31 de julio.

Aunque fue un pastor diligente su fama se debe a su obra literaria. Ya en 1849 había fundado The Quarterly Jounal of Prophecy (Revista trimestral de Profecía). Bonar era calvinista en soteriología y eclesiología y y premilenarista histórico en escatología (no dispensacionalista). Su obra principal fueron los himnos. Es conocido como “el príncipe de los himnólogos escoceses.” Compuso unos seiscientos himnos y poemas sagrados. De los más ricos y los más populares son: “Oí la voz del Salvador”, “Aquí tu rostro puedo ver, Señor”, y “Bendito nuestro Dios” (todos traducidos al castellano). El gran énfasis en casi todos sus himnos era la perfección de la obra de expiación realizada por Cristo. Su tono es popular, debido al interés que tenía por ver a los niños participando en los cultos de la Iglesia, manifestado desde el principio de su ministerio pastoral.

Profundamente reformado y evangélico no cesaba de instar a la gente a “nacer de nuevo”. Muchas fueron las conversiones que tuvieron lugar durante su ministerio. Jugó un papel muy importante en llamar a Moody (v.), para que llevase acabo una gira de evangelización en Gran Bretaña.

ANDRES BIRCH 

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jueves, 15 de julio de 2010

G. C. Berkhouwer


Fechas:(1903-)

Datos Biográphicos:

N. en Holanda, en el seno de una familia perteneciente a la Iglesia Libre Reformada de Holanda, originada por A. Kuyper (v.). Estudio en el Christian Gymnasium y en la Free University de Amsterdam, fundado por A. Kuyper (v.), con Valentijn Hepp (1879-1950). 

Ordenado al ministerio en 1927, fue pastor en Oudehorne y Amsterdam (1927-39). En 1932 recibió su doctorado en Teología cum laude por su tesis sobre el problema de la relación entre la fe y la revelación en la teología alemana contemporánea.
Profesor a tiempo parcial de la Universidad Libre de Amsterdam desde Octubre de 1940, hasta que, debido a la jubilación de Hepp, en 1945 ocupó la cátedra de dogmática, hasta su propia jubilación en Octubre de 1973. En 1962 fue invitado al Concilio Vaticano II como observador oficial, debido a su preocupación constante por el catolicismo romano. Desde 1945 ha dirigido la revista teológica semanal Gereformeer-de Weekblad.
Teólogo de la fe y de la Biblia sola (“Es imposible renegar de la Palabra de la Biblia sin renegar al mismo tiempo del Rey que nos la ha entregado”, Incertidumbre...p.110), se niega a toda especulación y escolasticismo. “La tarea de la teología, escribe, es la escucha obediente y atenta de la Palabra de Dios.” De ahí su rechazo a toda indulgencia especulativa que va más allá del dato bíblico. Exegético, piensa que toda teología debe ser “predicable”, capaz de ser predicada. En su teología “alienta el calor del corazón de este gran teólogo que no quiere nunca perder el contacto con la comunión de los creyentes todos, y que no quiere hacer de la teología la ciencia de algunos privilegiados” (José Grau).
En 1949 comenzó su obra más ambiciosa: Estudios de Dogmática, el más grande proyecto teológico actual (K.Barth), donde ofrece una exposición moderna de la teología reformada clásica. Según el Dr. Alvin L. Baker, Berkouwer “representa un comentario casi del pensamiento de Calvino”. Lo que no quita su personal aportación novedosa y fresca a los siempre nuevos desafíos teológicos.
Fuente: www.clie.es
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