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viernes, 4 de marzo de 2011

Archibald Thomas Robertson


Fechas:
(1863-1934)

Obras:
 
Armonía de los cuatro Evangelios (CBP); Estudios sobre el Nuevo Testamento (CBP/CLIE); Imágenes verbales en el Nuevo Testamento, 6 vols. (CLIE).

Datos Biográphicos:

Nació cerca de Chatham (Virginia, EE.UU.). Su conversión tuvo lugar cuando tenía 13 años de edad en Wake Forest (Carolina del Norte), donde su familia se había mudado. Desde entonces sintió el llamado de ser predicador del Evangelio. Predicó su primer sermón a la edad de 17 años. 

Realizó sus estudios en Wake Forest College (M.A., 1885) y en Southern Baptist Theological Seminary de Louisville (Kentucky, Th.M., 1888). En 1894 contrajo matrimonio con Ella Broadus, hija de su profesor J.A. Broadus (v.). Un año después fue elegido profesor del Nuevo Testamento, cargo que ocupó hasta el día de su muerte. 

En 1916 pronunció las famosas Conferencias Stone del Seminario Teológico de Princeton, y en el 27 las Conferencias Wilkinson del Seminario Teológico Bautista del Norte. 

Erudito, brillante, gozó de una bien merecida fama y prestigio entre los hombres de su generación. Escribió cuarenta y cuatro libros, incluyendo cuatro gramáticas griegas, catorce comentarios bíblicos y seis volúmenes de estudios de las palabras griegas del Nuevo Testamento, aparte de un buen número de biografías. 

En la mejor línea de los clásicos de la fe cristiana, combinó sus conocimientos académicos con un profunda piedad evangélica. Participó en doce Conferencias Northfield, dedicadas a promover la santidad y vida victoriosa en el creyente. Asimismo apoyó las campañas de avivamiento de D.L. Moody (v.). 

Fuente: Editorial Clie
By LeMS

jueves, 2 de septiembre de 2010

Arcadio Morales

Éstas son las únicas páginas de la autobiografía de mi amado padre, fueron halladas sólo por obra de la providencia, pues entre tantos libros y escritos que dejó jamás la habíamos encontrado. Si algún beneficio reportan estas líneas de aquel que fue llamado el “Moody mexicano”, que sea todo para la gloria de aquel que lo llamó, según el intento suyo y gracia, el Señor Jesucristo.

Su hija menor,
Guillermina Morales F.
Coyoacán, 2 de agosto de 1975


El 12 de enero de 1850, a las cinco de la tarde nació Arcadio, hijo de Benito Morales y Felipa Escalona en la ciudad de México, en el callejón de San Simón número 3.

Hasta la edad de 9 años, Arcadio Morales había vivido con relativas comodidades, habiendo aprendido a leer a los 5 años y malamente pintar letras hasta los 9, aunque a costa de muchos y crueles castigos como se enseñaba en México hace 50 años*.

Entonces, habiéndose acabado mis recursos, mi desgracia me puso en contacto íntimo con un dulcero, hombre pobre sin instrucción ni educación de ninguna clase, borracho, blasfemo, pendenciero, malo por los cuatro lados. Este señor me enseñó a hacer dulces y después venderlos, llevándome consigo a pie, sin zapatos, muchas veces hambriento, en calzoncillos y mangas de camisa, relacionándome en esta triste situación con la gente de la más baja clase de la ciudad de México y sus alrededores. Quien me hubiera visto a tan temprana edad en compañía de soldados, presos, comerciantes vagabundos, borrachos y gente perdida en todos los sentidos, habría asegurado con razón que sólo me esperaba la cárcel y la infamia como único porvenir.

Pero Dios me había concedido una gracia y era el amor al trabajo honrado; no puedo olvidar hasta hoy, después de 45 años, la satisfacción tan grande que me causó el hecho de haber ganado mis primeros dos reales en la venta de mis dulces y contribuir con ellos al sostén de mi madre y de mi hermano Felipe. Más tarde, cuando ya contaba 12 años de edad, ganaba en el mismo negocio de 6 a 9 reales diarios, con lo que mantenía a mi familia.

Así vivía y habría pasado toda mi vida si no acontece un día por Navidad, que hallándome resfriado en mi casa, una señora me ofreció medio real por llevarle una mesa hasta la Plaza de Armas, a lo que accedí con mucho gusto; esto pasaba de noche, pero al volver de mi mandado yo tenía un tifo mortal que a duras penas se me pudo cortar, pero ¡santo tifo! ¡Bendito tifo!, porque esta circunstancia hizo que mi madre se resolviera a quitarme de dulcero y hacerme aprender un oficio más hermoso cuando me aliviara por completo. Yo me oponía seriamente, ante nuestra carencia completa de recursos, para aprender un oficio en que tardaría cuando menos dos años sin ganar nada, pero mi madre era inflexible una vez que había tomado una resolución y no tuve más que obedecerle y aprender el oficio de hilador de oro a la edad de 13 años.

Esta parte de mi historia ha sido hasta aquí y si en esta ocasión me atrevo a revelarla es con el fin que voy a indicar. Primero, para que Dios sea glorificado por mí, comprobándose una vez más en la vida que Él escoge en su soberana gracia vasos de barro, para depositar en ellos sus favores para que la alteza sea de Él y no de los hombres. Segundo, para que los niños y jóvenes que tengan conocimiento de esta historia no se desanimen en las pruebas y luchas de la vida ni se avergüencen del trabajo manual por vil que parezca y tercero, para que el evangelista mexicano, el doctor Arcadio Morales, redactor de El Faro, el diariamente llamado a brillar en la corona de Cristo, no se envanezca jamás ni olvide nunca que fue misericordiosamente salvado por la mano de su Padre Celestial de un estado infeliz de miseria y pecado.

Por los años de 1878 y 1879, mi madre halla base en la pequeña población de Zacualtipán, que en ese entonces pertenecía al Estado de México; posaba en casa de un abogado en donde se leía la Biblia todas las noches. No era un culto familiar porque no había oración ni cantos, pero sí se comentaba la lectura del Santo Libro todas las noches, quedando mi madre tan prendada de esa lectura que cuando volvía a nuestro lado nos hablaba con calor de un libro, que sin ser de los sacerdotes, enseñaba cosas muy buenas en verdad. Por supuesto que entonces no había Biblias en la capital de la República sino en poder de los curas, quienes tenían buen cuidado de ocultarlas de la vista del pueblo, pero la buena Providencia de Dios quiso que cuatro años después, cuando yo entré a aprender el oficio, allí entre una vitrina de libros que tenía mi maestro, el señor Aguilar, se encontrara la Biblia y se me permitiera leerla. ¡Qué día tan feliz fue aquel cuando pude volver a casa diciéndole a mi madre que el maestro tenía las Sagradas Escrituras y que me concedía libertad de leerlas! Desde entonces, es decir, por espacio de 43 años somos conocidos el Libro de Dios y yo. Por supuesto que yo no entendía lo que leía y más bien se pudiera decir que era una inocente diversión para mí; me recreaba leyendo acerca de la creación, de las plagas de Egipto, de las guerras de Israel y algo del Nuevo Testamento. Lo que siempre me impresionaba era la idolatría, pero con todo yo seguía siendo un ferviente católico: me confesaba, hacía penitencias, peregrinaciones a la Villa de Guadalupe porque no había quién me enseñara, pues aunque mi madre era completamente opuesta al romanismo, nada sabía de la salvación de Cristo y además, casi ni sabía leer.

Por fin, después de otros seis años de espera, un martes, cuando yo volvía del trabajo, mi madre me recibió con la noticia de que la habían invitado a un culto protestante que existía en la calle de San José del Real número 21, porque se iba a celebrar un bautismo; como yo era un fanático católico me escandalicé de estas invitaciones, y tanto me escandalicé al saber que mi madre que era la invitada, no podría concurrir y me mandaba a mí; yo me resistía, pero mi madre no retrocedió y tuve que ir casi como quien va al patíbulo llevado por el señor Julián Rodríguez, tío del señor Manuel Zavaleta.

La capilla estaba en alto. Cuando íbamos subiendo yo sentía que el suelo era de algodón y mi corazón latía fuertemente. Hubiera querido escaparme, pero era imposible. Por fin llegamos al lugar del culto y para sorpresa mía me cercioré de que los protestantes no tenían cuernos, ni cola, ni patas de gallo, ni olían a azufre… y me tranquilicé. Y cuando el señor Lauro González tomó a mi antiguo amigo —el Libro—, la Biblia en sus manos y leyó en él el capítulo tercero de Mateo, entonces me volvió la sangre al cuerpo. Siguió la ceremonia del bautismo y concluyó el culto, y cuando le pregunté que si en eso consistía el protestantismo me dijeron que sí, dije que yo ya había sido protestante hacía algún tiempo… y desde aquel día quedé completamente separado del romanismo hasta el día de hoy. A los ocho días justamente se invitó a los presentes a pasar a la tribuna a expresar sus convicciones, y yo tuve el atrevimiento de pasar y comenzar una carrera que ha durado 37 años sin interrupción alguna, gracias a Dios.

A los pocos meses establecí en mi propia casa el culto, el culto evangélico en la calle de Garrapata número 2. Esta congregación era la tercera porque los cuáqueros ya habían establecido la segunda en la calle de San José del Real y después en la calle de Las Maravillas. Pero no hice profesión de fe sino después de haber predicado y de haberme sostenido con mi trabajo manual por espacio de cinco años.

Naturalmente, se preguntarán: ¿qué hizo este pobre muchacho para saber algo? Pues debo decir que desde la edad de 16 años experimenté un vivo deseo de instruirme aprovechando de todas las oportunidades que se me presentaban: libros, periódicos, folletos, todo lo que podía lo leía con interés, al mismo tiempo que desempeñaba mi trabajo manual, pero quien me ayudó mucho fue el doctor en Teología don Ignacio Ramírez Arellano, ex fraile dominicano. Este señor nos enseñó día a día por varios años filosofía, retórica, exégesis, historia y otras cosas; las clases duraban una o dos horas en la noche de 7 a 9 y no me acuerdo de haber faltado una sola vez.
Más tarde, los señores Aguas y Palacios nos dieron algunas clases de filosofía, pero en verdad fueron contadas esas clases. Por supuesto todos los libros nos venían de la Sociedad Americana de Tratados; los devorábamos con ansia porque eran los únicos que había de nuestra religión. Por entonces yo tenía que predicar dos sermones semanarios sin dejar de trabajar para vivir, por supuesto. Cuando el señor Riley llegó al país no había más que una pequeña congregación que dirigía el señor Sóstenes Juárez en la calle de San José del Real. Él había llegado a la congregación solamente unos días antes que yo, siendo el que tuvo la dicha de introducir el canto evangélico y establecer la Escuela Dominical.

Mi señora madre se asustó al verme abrazar el protestantismo, pues le parecía que iba yo demasiado lejos y aunque era liberal y despreocupada, todavía conservaba en su casa la imagen de la virgen de Guadalupe, hasta el día en que establecí el culto en mi propia casa, ella misma tomó el ídolo guadalupano y lo quemó. Después, en la misma Biblia aprendió a leer a los 42 años, siendo fiel hasta el último momento de su vida y una hora antes de dejar esta vida, hablaba de la Palabra de Dios. Para que se vea cuál era el temple de su carácter debo citar dos cosas. El primero se refiere a mi viaje a Puebla como colportor, hace 36 años. Le pedí consejo, advirtiéndole que la misión era muy peligrosa y ella me dijo: “Ve, el Señor te protegerá”.

Estando allí le escribía que la misión era cada vez más peligrosa, pero me contestaba: “Estamos orando por ti, no temas, sigue adelante”. Por fin nos asaltaron los católicos, en número como de 3 mil hombres, hubo dos muertos y varios heridos. Los de México tuvimos que huir de la ciudad angelina; yo venía con un machetazo en el brazo izquierdo y una “rotura” en la cabeza. Cualquiera otra madre hubiera ido a esperarme llorando a la estación, ella no; me esperó en la casa con el médico y lo necesario para la curación. Quiso ser la primera en ver las heridas y luego me dijo: “No es cosa de riesgo, dentro de pocos días estarás enteramente bueno”. Debo añadir que mi madre era india, de raza pura y de un corazón bondadoso y tierno, aunque sumamente enérgica.

Yo pude notar la presencia del Espíritu en su corazón; me parece que era como el caso de Moisés en las aguas de Mara, endulzadas cuando obedeció a Dios e introdujo la vara que el Señor le ordenó. Uno de mis más grandes gozos en el cielo será el volver a ver a mi madre.

Cuatro veces, contando con lo de Puebla, estuve a punto de morir en manos de los enemigos en medio de motines. Una vez fui arrastrado por un río con todo y caballo en Amacuzac, Guerrero. Los jesuitas compraron a una visitadora que tenía que hacerme una acusación muy seria; consiguieron dos testigos falsos que me acusaban de haber faltado a dos maestras, diciendo que eran mis sobrinas.

Lograron que el señor J. Milton Greene llegara a decirme: “Mientras se aclaran las cosas es necesario que usted deje de predicar”. Jamás he tenido una prueba más grande a pesar de sufrir tanto, que creo que una noche encanecí; no dije nada a mi esposa ni a mis hijos, sólo a mi Señor, teniendo la dicha de que a las 24 horas, la pobre mujer estuviera de rodillas ante el señor Greene confesándole que le habían pagado 500 pesos por calumniarme. Las dos mujeres se volvieron al romanismo.

Creo que este es el momento de decir que antes sufría mucho de la garganta y el médico me advirtió que si no dejaba de predicar me vendría una crisis que me atacaría y rápidamente moriría. No obedecí al médico y mientras he predicado otros 23 años, él ya murió. Otro médico, amigo mío, al ver que sufría intensos dolores de cabeza, me dijo que si seguía trabajando tan intensamente en un mes moriría hablando o caminando en la calle y mi muerte sería instantánea. Lo cierto es que después de su diagnóstico he trabajado como nunca 11 años más y no he muerto, mientras algunos jóvenes robustos, fuertes, han descendido uno tras otro al sepulcro yo estoy al frente de la obra que el Señor se ha servido encomendarme. ¡Gloria sea a Él!

Voy a decir cómo vivo actualmente [aproximadamente en mayo de 1906].

Me levanto a las 6 o 6:15 en invierno y en verano a las 5; en mi cama doy gracias a Dios, inmediatamente hago ejercicio con unas barras de fierro por espacio de media hora; después de asearme principio mis tareas leyendo cartas o contestándolas, buscando textos o consultando libros hasta la hora del desayuno que se sirve a las 7:30. Después del culto familiar vuelvo a mi escritorio a escribir y estudiar hasta las 10 de la mañana, doy grasa a mi calzado, visito una escuela y hago una o dos visitas domiciliarias, volviendo a casa a la una del día. Tomo mis alimentos en compañía de mi familia y vuelvo a efectuar otras visitas hasta las 5 de la tarde. A las 6 tomo mi leche que me tiene mi esposa en una botella, me pongo algo de pan en la bolsa y me voy los martes a predicar a San Pedro y San Pablo. Los miércoles predico en El Divino Salvador, jueves en Santa Ana o Lerdo, viernes en San Pedro o San Pablo o a la colonia de La Bolsa. Los lunes y sábados a la clase normal en El Divino Salvador o a San Pedro y San Pablo. Como ya es de noche, en la calle mientras viene el tren, tomo mi leche y mi pan antes de entrar al templo en donde predico y vuelvo a casa a las 9 o 10 de la noche, tengo unos momentos de conversación con la familia y con esto concluyo el día. Ésta ha sido mi costumbre por muchos años. Como una buena parte del día la paso en tren, allí me llevo mis cartas, periódicos y libros para prepararme y con lápiz hago mis apuntes para sermones o trabajo periodístico, al cual consagro las primeras horas de cada día. Como hace 21 años que sufro del hígado y no puedo andar para hacer mis visitas pastorales, me valgo del tren o coche por regla general, pero cuando no hay estos medios voy en burro, en carretón de la ladrillera, el carro de leche en parihuela, en silla de ruedas, en un sillón con unas barras que llevan dos hombres o bien a caballo, con una silla especial y, ¡ay de mí!, reconozco que poco a poco voy perdiendo terreno en este particular, pues no puedo andar sino unos cuantos pasos sin sufrir y después de la predicación mi mayor placer consiste en visitar.

Tengo nueve congregaciones bajo mi responsabilidad, ocho escuelas dominicales, cinco escuelas diarias, siete sociedades de Esfuerzo Cristiano, tres cárceles; además la presidencia de la Asociación de Ministros Evangélicos en la Ciudad de México y la de la Junta Misionera del Sínodo. Pero confieso que muchas veces siento que la cabeza me quiere reventar, aun el habla se me entorpece por el exceso de trabajo intelectual, no obstante que no fumo ni bebo, ni tomo café ni ningún té, con todo, mi sistema nervioso se agota completamente, particularmente cuando no puedo descansar los lunes.

Cuento con 29 colaboradores bondadosos trabajando en mi compañía sin cesar, tocando, dirigiendo cultos, sociedades de Esfuerzo Cristiano, haciendo oficios de guardatemplo, reuniendo dinero, visitando, trabajando de cualquier otra manera.
Una experiencia que me ha sido muy saludable en el trato con estos colaboradores es ésta: cuando yo me sostenía con mi trabajo manual y predicaba, por desgracia los que dirigían la obra evangélica no me trataban bien por dos razones: primera, porque yo no había estudiado en ningún colegio, y segunda, no tenía bastante dinero como los que eran sostenidos por las misiones; no tenía levita, ni sorbete, ni guantes, ni zapatos de charol y materialmente era yo la oveja prieta en el rebaño. Esto me lastimaba y el recuerdo de aquellas heridas me ha servido mucho para tratar a las personas no por sus títulos, sino por su fe y sus acciones; otra cosa que me ayuda es la paciencia, esperando que el que hoy lee, ora o predica mal, mañana lo haga mejor, corrigiendo con dulzura y buen modo sus defectos, ayudándolo a mejorar. También en esto sufrí con mucha acritud.

* La fecha a la que se refiere es entre 1855 y 1860.
El original es una transcripción mecanografiada por Guillermina Morales F., proporcionada por Eugenia Amador de Miranda, bisnieta del doctor Arcadio Morales, primer pastor de la Iglesia El Divino Salvador del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Fuente: http://www.publicacioneselfaro.com.mx


bY LeMS

martes, 2 de febrero de 2010

Andrew Murray

Andrew Murray

Datos Biográphicos:


N. el 9 de mayo de 1928 en Graaff-Reinet (El Cabo, Sudáfrica). Su padre era pastor vinculado a la Iglesia Presbiteriana de Escocia, que a la vez mantenía estrecha relación con la Iglesia Reformada de Holanda, que contribuyó a revitalizar con su ardoroso espíritu cristiano escocés. Este hombre singular dedicaba las veladas de los viernes a orar por un avivamiento espiritual en Sudáfrica. Se encerraba en su estudio y leía relatos de avivamientos acaecidos en Escocia y otros países. Con frecuencia leía a la familia historias relativas a avivamientos del Espíritu Santo. Sus oraciones y trabajos hallaron respuesta en 1861 cuando un poderoso movimiento espiritual conmovió su congregación. Mucho antes de que se aboliera la esclavitud, Andrew padre, apoyaba las reivindicaciones de los esclavos. En su propio hogar no permitía que una persona negra prestara ningún servicio sin darle primero a él o a ella la libertad y suministrarle un trato justo y buen nivel de vida. Estas iban a ser las dos magníficas incluencias que guiarían la vida y ministerio de Murray hijo: espiritualidad ardiente y acción social; a la que hay que sumarle una tercera: el interés misionero. Por su hogar habían desfilado hoy bien conocidos misioneros escoceses de entonces como Moffat y Livingstone.

M. fue enviado por sus padres a estudiar a su natal Escocia a estudiar en la Universidad de Aberdeen. También estudió en la Universidad de Utrecht (Holanda), donde, a los 16 años de edad, experimentó el nuevo nacimiento.

En 1848 fue ordenado al ministerio de la Iglesia Reformada de Holanda, cuando sólo contaba 20 años. Pastoreó diversas iglesias sudafricanas en Bloemfontein (1850-60), Worcester (1860-64), Cape Town (1864-71) y Wellington (1871-1906). Su ministerio fue tan bendecido espiritualmente que rápidamente ganó notoriedad y alcanzó puestos de responsabilidad y liderazgo. Durante 50 años dominó la vida de su Iglesia, haciendo de ella una iglesia misionera en Transvaal y Malawai, gracias a su pluma y sus mensajes. Tres de sus hijos se dedicaron a las misiones. En 1877 fundó el Instituto Misionero de Wellington. Apoyó a la Misión General de Sudáfrica.

Seis veces fue Moderador de la Asamblea General de su Iglesia.

Evangelista fervoroso no cesó toda su vida de alcanzar las poblaciones más olvidadas, como las tribus negras africanas del interior. En más de una ocasión arriesgó su vida para llevarles el mensaje cristiano.

En 1877 viajó por primera vez a Estados Unidos. Participó en muchas conferencias de santidad y uniones de oración en Europa y América.

Conservador en teología se opuso al liberalismo. Interesado en la educación teológica de los pastores fundó el Seminario Hugonote en 1874. Autor de más de 250 libros, enfatizó la consagración integral y absoluta a Dios, la oración y la santidad. Durante los últimos 28 años de su vida fue considerado el padre del movimiento Keswick de Sudáfrica. La huella mística de William Law (v.) se refleja en sus obras.

Aquejado de una infección en la garganta en 1879 perdió su voz durante casi dos años, de la que fue sanado en el hogar de los Bethsham en Londres. A raíz de esta experiencia creyó que según la Biblia los dones milagrosos del Espíritu no se limitaban únicamente a la Iglesia primitiva. Como otros maestros de santidad y vida victoriosa se refirió al bautismo del Espíritu Santo como una experiencia posterior a la regeneración. Para él, la forma como se es bautizado puede ser muy diferente: una renovación gozosa de la fe, una sensibilidad espiritual especial, una percepción profunda y callada de Dios o una intensa devoción al Señor.

bY LeMS

viernes, 30 de enero de 2009

Abraham Fernandez

1875 - 1965

Su madre, una de las primeras personas convertidas al Presbiterianismo en el Norte de México, lo dedicó al santo ministerio cuando tenía él cinco años de edad. Habría de confrontarse con muchos obstáculos para obtener la preparación que dicha vocación demanda. No obstante, con fe invincible, logró vencer cada uno de ellos.

Abraham Fernández fue uno de los primeros tres alumnos de la Escuela Bíblica del Dr. Henry Pratt situada en Laredo, Texas. Fue uno de los graduados más eminentes de esa institución. Recibió su licenciatura para predicar el Evangelio en 1899 y fue ordenado al ministerio por el Presbiterio Western Texas en 1903. Su primer pastorado fue la Primera Iglesia Presbiteriana Mexicana de San Antonio, ahora La Iglesia Presbiteriana Jerusalem, la cual había sido organizada ese mismo año.

De 1906 a 1914, el Rev. Fernández sirvió como pastor de la Iglesia Presbiteriana de Aguascalientes, México e impartió clases en el Colegio Morelos, escuela de la misión Presbiteriana en esa ciudad. Allí fue donce conoció a su futura esposa, Elena Jáuregui, una alumna joven de la escuela. Una de las iglesias que pastoreó al regresar a los Estados Unidos fue la Primera Iglesia Presbiteriana Mexicana de El Paso, Texas. Allí estableció dos escuelas en la ciudad y siete misiones en el area circumvecina. Fue en una de esas misiones donde conoció e instruyó a dos hermanos jóvenes quienes fueron inspirados a entrar al ministerio. Estos fueron los Rvdos. Guadalue y Rubén Armendáriz, ministros Presbiterianos.

Fue un traductor prolífico de textos, comentarios bíblicos, e himnos. Fue un poeta innato que escribió más de mil poesías. Su más significativa contribución, sin embargo, fue como himnólogo. Redactó dos himnarios en español, “Cantos de Victoria”, y es autor de un buen número de himnos, algunos de los cuales aun estonan congregaciones de habla hispana por todo el mundo.
Su más preciada composición probablemente es aquel canto evangélico que claramente nos dice cual fue la meta de su vida: “Sembraré la Simiente Preciosa.”

fuente: Rv. Robert H. Fernandez
bY LeMS

martes, 13 de enero de 2009

Agustín de Hipona


I. Su vida Vivió entre 354-430 d.C.

Nació en el norte de África de un padre incrédulo y una madre creyente, Mónica. Su madre tuvo mucha influencia sobre él.
Se mudó a Cartago a la edad de dieciséis años y se lanzó a la vida desenfrenada de la ciudad. Tomó una concubina y tuvo un hijo con ella a la edad de diecinueve.

Durante casi una década siguió el sistema filosófico llamado Maniqueísmo, que creía en dos principios eternos (luz y oscuridad) que están en constante conflicto. Se mudó a Roma en el año 383; un año después se mudó a Milán, donde el obispo Ambrosio le mostró que muchas de sus objeciones al cristianismo se basaban en ideas equivocadas
Se convirtió en el año 386 en el patio de una casa al oír la voz de un niño que decía: Toma, lee. Tomó una Biblia que estaba a la mano y encontró Romanos 13:13-14. Al leer el pasaje, fue convertido.

En el año 395 llegó a ser obispo de Hipona, y escribió varios libros de mucha influencia en la iglesia, entre las cuales se encuentran las Confesiones y la Ciudad de Dios.

II. Su contribución

En las Confesiones Agustín describió su vida con el fin de mostrar cómo había sido librado del pecado por la gracia de Dios.

La Ciudad de Dios fue escrita después de la caída de Roma ante los visigodos (una tribu germánica). Los paganos culpaban a los cristianos de la caída de Roma; Agustín explicó que hay en el mundo dos ciudades – la ciudad del hombre y la ciudad de Dios – que existirán juntas hasta el juicio final, cuando finalmente serán separadas.

Defendió la fe ante los escépticos, mostrando que es imposible saber nada sin tener fe. Dijo Agustín: Creo para saber. También mostró que la existencia de la maldad en el mundo se debe al libre albedrío, no a la existencia de una fuerza negativa con poder igual a la de Dios.

En Hipona enfrentó la existencia de una iglesia paralela a la iglesia católica romana llamada donatista. Frente a esto, insistió en que los sacramentos tenían que ser administrados por un sacerdote ordenado por la iglesia católica. Sin embargo, su uso de la palabra católico no es sinónimo de católico romano.

Frente a las innovaciones de Pelagio, quien enseñó que el ser humano nace sin pecado original y es capaz por su propia cuenta de obedecer a Dios, Agustín insistió que cada ser humano nace predispuesto al pecado. Ningún ser humano es capaz de guardar las leyes de Dios, por lo cual la salvación tiene que ser por la gracia de Dios.

III. Sus palabras

Donde no hay caridad no puede haber justicia.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.
Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
Bienaventurado es, Senor, el que te ama a Ti, al amigo en Ti, y al enemigo por Ti.El que es bueno, es libre aun cuando sea esclavo; el que es malo, es esclavo aunque sea rey.
Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista.


bY LeMS

martes, 21 de octubre de 2008

Adrián Saravia

Adrián Saravia (1531–1613) Teólogo protestante, el único extranjero que participo en la traducción de la King James Versión de la Biblia.

Nació en Hesdin, por entonces parte de Flandes. Su padre era un español llamado Cristobal Saravia. Su madre fue Elisabet Boulanger. A pesar de que estos eran protestantes, habría tomado sus primeras letras con los franciscanos.

Inicio del ministerio

Convertido al calvinismo, abrazó la causa evangélica con pasión.
Ingresó al Ministerio en Amberes. En 1566 fue nombrado en Ghent. De allí se trasladó a Inglaterra como evangelista a Jersey y Guernsey.

Eran tiempos críticos en que la Reforma se debatía entre la supervivencia y la extinción bajo la firme conducción de Elizabeth I. Internamente la Iglesia Reformada era sometida a diferentes corrientes doctrinarias que al afectar a todos los estratos sociales, incluyendo la elite gobernante, también influía y era influenciada por la política secular.

Bajo el gobierno de Elizabeth se fundó el Elizabeth College, del que Saravia fue el primer profesor en ser nombrado.

En 1568 se transformó en el rector de la parroquia de St. Pierre du Bois, en Guernsey. Por esos tiempos, Saravia se mostraba firme adherente a las ideas del presbiterianismo. Ese mismo año le fue concedido el honor de ser declarado ciudadano británico.

A favor de Inglaterra

En 1577 aceptó un cargo en la Universidad de Leiden. Desde allí aconsejó a Guillermo Cecil, ministro de la corte, que Elizabeth debería asumir el Protectorado de los Países Bajos.
Cuando esto fue conocido Adrián Saravia fue acusado de complotar a favor de Inglaterra por lo que tuvo que retornar a ese país.

Tiempos de cambios

Una vez en Inglaterra, tomó el cargo como docente de gramática en Southampton. Para estos tiempos, fue evidente un cambio en la posición de Saravia, no solo en lo religioso sino también en lo político.

En lo religioso, sus críticas al presbiterianismo eran cada vez mas frecuentes. Poco a poco se hizo evidente su favor hacia el movimiento episcopaliano.

Este cambio tuvo su paralelo en su pensamiento político. Al principio de su carrera era un libre partidario del libre pensamiento y la elección de los ciudadanos. Más tarde se transformaría en un promonárquico absoluto.

En 1588 fue nombrado rector de Tatehille, Staffordshire.

Su primer publicación, en 1590 “De diversis gradibus ministrorum Evangelii” fue una apología a favor de las ideas episcopales.

Su cambio de postura lo puso en controversia con otros referentes protestantes, entre ellos Teodoro Beza, mano derecha de Juan Calvino.

Sin embargo consiguió el agradecimiento oficial siendo distinguido con importantes nombramientos ministeriales y académicos.

Participación de la traducción de la Biblia

El 23 de marzo falleció Elizabeth I a quien le sucedió James I.
Saravia mantuvo posición de influencia luego de realizar algunos trabajos y de participar activamente en la actividad académica y religiosa.
En 1606 fue convocado para formar parte del grupo que traduciría la Biblia que mas tarde se conocería como The King James Version.
A Saravia le correspondió traducir desde Génesis hasta 2ª de Reyes.

Legado

Adrián Saravia formo parte de una etapa especial y crítica de la Reforma y el mismo es figura representativa de los cambios y controversias apasionadas. Con aciertos y errores aporto de lo suyo para consolidar la Reforma en Inglaterra.
Saravia era un erudito y poliglota. Además del inglés, dominaba el francés, el español, el latín, el hebreo y el griego entre otros idiomas.

El conocimiento del hebreo fue quizás la herramienta más importante que aporto a la traducción de la Biblia.

La traducción del rey James I se sumaria a otros trabajos que sacarían del oscurantismo a las Escrituras, especialmente al olvidado Antiguo Testamento. La Biblia se revalorizó y difundió.
Con los trabajos de traducción y expansión del mensaje evangélico, los valores judeocristianos adquirirían una nueva dimensión, propugnando al cambio en la idiosincrasia del pueblo y forjando un nuevo mundo.

Adrián Saravia se había casado por primera vez en 1561 con Catherine D’Allez. Enviudó en 1605 y contrajo segundas nupcias con Margaret Wiits.

Falleció el 15 de enero de 1612 y fue sepultado con honores en Canterbury. Tenía 82 años.
bY LeMS

viernes, 10 de octubre de 2008

Albert B. Simpsom


La Alianza Cristiana y Misionera debe su existencia a la visión de Alberto Benjamín Simpson (1843-1919), un ministro presbiteriano que abandonó una acaudalada congregación en Nueva York para pastorear, en cambio, las masas desposeídas de esa misma ciudad.


Según describe el propio Simpson: "...Por lo tanto, después de tres años de gran compañerismo y perfecto entendimiento con estas queridas personas, y sin que mediasen desacuerdos de ninguna clase, les dije francamente que Dios me llamaba para un trabajo diferente, y pedí al Presbiterio de Nueva York que me dejase en libertad con el propósito de llevar el evangelio a las masas" (A. E. Thompson, A. B. Simpson, His Life and Work, Christian Publications.)


Alberto Benjamín Simpson nació en la Isla Prince Edward (Canadá) el 15 de Diciembre de 1843. Fue dedicado al Señor mediante las oraciones de John Geddie, el pastor de la familia, quien fuera él mismo, más tarde, un gran misionero conocido por su labor en las islas Nuevas Hébridas, en el Pacífico Sur.


En 1847, la familia Simpson se trasladó a la provincia de Ontario, donde adquirieron una granja. Allí, Alberto recibió la influencia espiritual de la estricta tradición calvinista y puritana de la Iglesia Presbiteriana Escocesa, influencia que fue balanceada por la lectura de la obra de Walter Marshall acerca del Misterio Evangélico de la Salvación, la que llevó a este joven de 15 años a comprender los conceptos de salvación y de santificación cristianos.


Al terminar sus estudios escolares, hizo clases durante un tiempo, con el fin de reunir el dinero necesario para poder matricularse en el Colegio Knox de la Universidad de Toronto, graduandose a los 21 años, luego de lo cual fue recibido como pastor de la Iglesia Presbiteriana de Knox, en Hamilton, Ontario.


Después de ocho años de ministerio exitoso y de haber ganado 750 nuevos miembros para su iglesia, se decía de él que era mejor que ningún otro en cuanto a elocuencia, habilidad y éxito en su labor ministerial. (A. E. Thompson, A. B. Simpson, His Life and Work, Christian Publications.)
A la edad de 32 años, en Diciembre de 1875, Simpson fue llamado a ocupar el púlpito de la mayor iglesia presbiteriana de Louisville, Kentucky, la iglesia presbiteriana de la calle Chestnut. Allí se embarcó en un esfuerzo evangelístico a nivel de toda la ciudad, que le sirvió para apreciar la trascendencia del ministerio evangelístico.


Al cabo de cinco años allí, su atención fue atraída por las masas de inmigrantes recién llegados a la ciudad de Nueva York, fundando una misión junto a las puertas de la Iglesia Presbiteriana de la calle Trece, donde, después da haber llevado hasta el Señor una cantidad de más o menos 100 inmigrantes italianos, la congregación le sugirió que buscara otra parte para proseguir este ministerio. En consecuencia, Simpson, dandose cuenta que Dios lo llamaba a un "ministerio diferente", dejó su cargo para dedicarse de lleno a su labor con las masas de Nueva York.


El llamado de Dios en la vida de A. B. Simpson dio como resultado una doble visión. Por una parte, su concepto de la totalidad y de la centralidad de Cristo en la doctrina, dio origen a lo que ha sido llamado el "evangelio cuádruple" : Jesucristo es nuestro Salvador, Santificador, Sanador y el Rey que viene, fórmula que es compartida también por las Asambleas de Dios y por las iglesias del Evangelio Cuádruple.


En segundo lugar, la visión de las almas perdidas y de la gente que perece sin Cristo, le impulsó a enviar los primeros equipos de misioneros al Congo. La creencia y la estrategia de Simpson era hacer que las personas llenas del Espíritu Santo se convirtieran en siervos activos de la obra del Señor.


El resultado de estas dos visiones fue el desarrollo de un mensaje centrado en Cristo y en la extensión del ministerio más allá de la iglesia local en lo que hoy día es la Alianza Cristiana y Misionera.


bY LeMS

viernes, 18 de julio de 2008

Anthony A. Hoekema


Datos Biográphicos:

N. en Holanda y emigrado a Estados Unidos junto a su familia. Desde la infancia, cual un Timoteo moderno, conocía las Escrituras y amaba a su Salvador. Estudió en el Calvin College (A.B., 1936) de Grand Rapids (Michigan); Universidad de Michigan (M.A. in Psicología, 1937); Calvin Seminary (Th.M., 1942) y Princeton Theological Seminary (Th.D., 1953). Completó su doctorado en Cambridge (Inglaterra).

Ordenado al ministerio de la Iglesia Cristiana Reformada fue pastor en Grand Rapids, Paterson (Nueva Jersey) y de nuevo Grand Rapids. Profesor asociado del Calvin College donde impartió clases de psicología y lengua inglesa (1939-41). También se ocupó del Departamento de Biblia y Religión. De 1958 a 1978 fue profesor de Teología Sistemática del Calvin Seminary.

Dio conferencias en Australias, Filipinas, Corea, Taiwan, Japón, Guam y Brasil (1987). Murió el 17 de octubre, dejando a su viuda Ruth Hoekema.

Realizó una importante labor apologética y controversial frente a las sectas, discrepando de otro especialista W.R. Martin (v.), al no considerar al Adventismo del Septimo Día como una rama del cristianismo evangélico. Siguiendo la tradición académica reformada, unida a una piedad muy personal, sus obras contienen un valioso material teológico, es especial su estudio sobre escatología, donde se decanta por el amilenianismo tradicional.

Independiente en sus juicios exegéticos consideró que Ro. cap. 7 describe al hombre no regenerado, frente a la tradicional interpretación protestante. Asimismo apoyó una idea de autoestima cristiana cercana a R. Schuller (v.), en la que éste se apoyó, donde la Biblia y la psicología juegan un papel muy importante. Igualmente utilizó la obra Vida en comunidad de Bonhoeffer.

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jueves, 17 de julio de 2008

A. W. Pink


Datos Biográphicos:

Arthur W. Pink fue un ministro bautista y prolífico escritor. Nació en Nottingham Inglaterra el 1 de Abril de 1886 y se convirtió al evangelio a la edad de 22 años cuando a esa edad ya era un exitoso hombre de negocios. Después de su conversión, Pink comenzó a estudiar intensamente las Escrituras y aunque en un principio rechazó la idea de recibir una educación teológica formal porque creía que todos los seminarios teológicos se encontraban enseñando errores en ese tiempo, finalmente decidió emigrar a los Estados Unidos en el año de 1910 con la intención de estudiar en el Instituto Bíblico Moody en la ciudad de Chicago Illinois. Antes de terminar su primer semestre, Pink renunció a sus estudios para pastorear una iglesia en Silverton Colorado.

R. P. Belcher nos comenta que, “Un fuerte espíritu individualista unido a un hábito de estudio disciplinado lo convenció de que podía estudiar por su propia cuenta. En los años que siguieron se hizo un ávido lector de los Puritanos y de otros expositores. Esos escritores se convertirían en el fundamento para sus futuros escritos”.

Mientras se encontraba pastoreando la iglesia Bautista de Northside en Spartanburg Carolina del Sur en el año de 1918, escribió uno de sus libros que más influencia han tenido en los tiempos modernos: “La Soberanía de Dios”. Aunque al principio esa obra no fue muy bien aceptada y solo se vendieron 2,000 copias, en los años futuros ese libro se convertiría en uno de las obras más importantes de A. W. Pink.

En el año de 1921, Pink comenzó a escribir un periódico mensual titulado: “Estudios en las Escrituras” el cual se convertiría en su principal ministerio. Aún a pesar de sus viajes, él siempre mantuvo el periódico en circulación con cerca de mil lectores. El periódico que mantuvo hasta el fin de sus días, ha sido la principal fuente de material de casi todas sus obras que han sido publicadas por distintas casas editoriales de la actualidad.

E. M. Houghton escribe en la introducción del comentario de Pink: “La Vida de Elías”, lo siguiente:

“A. W. Pink (1886-1952), autor de la presente vida de Elías, tuvo una amplia experiencia de las condiciones reinantes en el mundo de habla inglesa. Antes de fijar su residencia en la Gran Bretaña, alrededor del año mil novecientos treinta, había ejer­cido su ministerio en Australia y en los Estados Unidos de Amé­rica. Después se dedicó a la exposición bíblica, especialmente por medio de la revista que fundó. Su estudio de Elías es par­ticularmente apropiado a las necesidades de la hora presente. Nos toca vivir días en los que el alejamiento de los antiguos hitos del pueblo del Señor es vasto y profundo. Las verdades que eran preciosas a nuestros antepasados ahora son pisoteadas como fango de la calle. Muchos ciertamente, pretenden predicar y promulgar otra vez la verdad con nuevo atavío, pero éste ha resultado ser la mortaja de la misma en vez de las "vestiduras hermosas" que los profetas conocían.

A. W. Pink se sintió llamado claramente a la obra de combatir la impiedad reinante con la vara del furor de Dios. Con este objeto acometió la exposición del ministerio de Elías, aplicán­dolo a la situación contemporánea. Tiene un mensaje para su propia nación, y también para el pueblo de Dios. Nos mues­tra que el reto antiguo: "¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?" no es una mera pregunta retórica. ¿Dónde ciertamente?. ¿He­mos perdido nuestra fe en Él? La oración ferviente y eficaz, ¿no tiene lugar en nuestros corazones? ¿No podemos aprender de la vida de un hombre sujeto a semejantes pasiones que nos­otros?”.

Alguien escribió que “lo mejor de los escritos de A. W. Pink son aquellos que explican los aspectos prácticos de la vida cristiana”. Sin embargo, es mi opinión personal que los mejores escritos de Pink, son aquellos que tratan con los aspectos doctrinales. R. P. Belcher hace un interesante comentario en su aportación sobre la biografía de Pink:

“No puede negarse, aún a la luz de sus características muy peculiares, que Pink estaba comprometido en conocer y hacer la voluntad de Dios. Él creía que había sido llamado en sus últimos años a usar su pluma y no su lengua para ministrar a unas pocas personas. En años posteriores, sus escritos voluminosos los cuales mientras vivía solo eran conocidos por muy pocas personas, fueron redescubiertos y cientos de miles de libros sacados de sus escritos han sido impresos desde su muerte. A través de sus escritos, Pink se convirtió en un fuerte puente entre los Puritanos del pasado y los creyentes de la última mitad del siglo XX. Él fue uno de los muchos escritores cuyas obras fomentaban un avivamiento del Calvinismo histórico en la última parte del siglo XX”. (R. P. Belcher, en su aportación de la breve biografía de A. W. Pink en la obra “Biographical Dictionary of Evangelicals”, IVP, 2003, p. 529).

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jueves, 10 de julio de 2008

Archibald Alexander Hodge

Datos Biográphicos:

N. en Princeton (Nueva Jersey, EE.UU.), hijo mayor de Charles Hodge (v.). Estudió en la Universidad de Princeton así como en el seminario de la misma. Se cuenta que él fue uno del grupo de estudiantes que podía reproducir verbalmente y de memoria las lecciones de teología sistemática de su padre. Tan buen estudiante se graduó en 1846 y recibió la licencia para predicar el Evangelio ese mismo año. Su interés primario era dar a conocer el nombre de Cristo donde nunca antes hubiera sido predicado. Es por ello que, después de contraer matrimonio con Elizabeth Holliday en 1847, se ofreció como misionero a la Junta Presbiteriana de Misiones Extranjeras. El joven matrimonio fue asignado a la India. Allí estaría tres años, concretamente en Allahabad. Dos hijos les nacieron en aquel tiempo. A.A. Hodge disfrutaba de su trabajo, pero serios problemas de salud le obligaron a regresar a América en 1850. Sin embargo, siempre mantuvo encendida la llama del ideal misionero en su corazón y desde su país natal hizo todo lo posible por potenciar la obra misionera.

Desde su retorno de la India pasó catorce años como pastor en diversos estados: Maryland (1851-55), Virginia (1855-61) y Pennsylvania (1861-64), donde, según parece, fue amado por todos. El resultado de sus sermones fue la publicación de un libro titulado Outlines of Theology (Bos-quejos de teología), que hicieron de él un reputado escritor y maestro.

En 1864 fue nombrado profesor de teología sistemática en el Western Theological Seminary de Allegheny (Pennsylvania), donde permaneció trece años.

Charles Hodge, sintiendo disminuidas sus fuerzas por la vejez, recurrió a su hijo para que viniese a Princeton como profesor adjunto de teología. Lo cual así vino a ser en 1877, un año antes de su muerte.

Al igual que su padre, A.A. Hodge era un cristiano que combinaba lo mejor de la erudición con la más pura de las espiritualidades. En realidad la teología princetoniana era heredera natural de los grandes avivamientos americanos, como los de Edwards y Whitefield, que habían colocado la importancia de la conversión en el centro de la experiencia religiosa.

Firme en su creencia de la suprema autoridad de la Biblia A.A. Hodge evitó con cuidado la intrusión filosófica en la teología. Sin embargo, y quizá por ello, fue, por temperamente y hábito, un teólogo filosófico, en el sentido que puede serlo un creyente reformado. La teología era para él una visión, un sistema revelado del mundo. Hodge vio en el calvinismo una visión mundial, la única, que al buscar dar gloria a Dios en todas las areas de la vida es suficientemente amplia como para ofrecer una base bíblica para la familia, la ley, la educación y la economía.

Francis L. Patton (v.) dijo: “A.A.Hodge fue uno de los teólogos más grandes del mundo. Su teología fue la de Pablo y Agustín, de Anselmo y Calvino, de Turrentin y Cunningham, y, cómo no, la de su propio padre, pero excediéndole en conocimiento histórico.”

La carrera del Dr. A.A. Hodge en el Seminario de Princeton iba a ser corta, al quedar truncada como quedó, por su repentina muerte acaecida el 12 de noviembre de 1886, a la edad de 63 años. Nueve años escasos había pasado en Princeton como profesor. Póstumamente se publicó su Evangelical Theology, donde revela sus dotes de lo que el Dr. Shedd calificó de "popularizador de la teología científica".

Fue miembro de la Asociación Reforma Nacional, convencido de que la soberanía de Dios requiere de los creyentes que todos los aspectos sociales del creyente se conformen a las leyes justas de Dios. Como postmilenialista creía que la fe tenía que jugar un papel muy importante en la vida de la nación.

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lunes, 7 de julio de 2008

Abraham Kuyper

Datos Biográphicos:

N. en Maassluis (Holanda). Su padre era pastor de la Iglesia Reformada y en el hogar se respiraba la profunda piedad calvinista. Sin embargo en sus días de estudiante se inclinó por el liberalismo teológico. Estudió en la Universidad de Leiden (B.A., 1858; D.D., 1863). Durante su primer pastorado en Beesd experimentó una conversión evangélica, estimulado por el ejemplo cristiano de sus fieles, lo que le llevó a renovar sus estudios teológicos en dirección conservadora. Se puso a la cabeza del movimiento neo-calvinista holandés.
Atraído por la teoría política anti-revolucionaria de Groen Van Prinsterer (v.), se introdujo en el mundo de la política. Fue el dirigente del Partido Anti-revolucionario después de la muerte de Prinsterer (1867). En 1874 ganó las elecciones al Parlamento holandés (1873) y fue Primer Ministro de 1901 a 1905.

En 1872 fundó un periódico diario, De Standaard, órgano de extraordinaria influencia para promocionar su causa política y religiosa. Escribió cientos de libros y artículos sobre temas tan diversos como el arte, la política, la literatura; filosofía, ciencias sociales, historia; en todos los cuales buscó desarrollar una visión global de la fe cristiana expuesta consecuentemente como un sistema de verdades correlacionadas. Se precisan años para construir creativamente a partir de su legado. El sistema de Kuyper obedece a la gran tradición cristiana que, apoya firmemente en la Escritura, corre a través de Agustín y Calvino, y abre nuevas y frescas perspectivas al pensamiento cristiano liberado de su doble reducción liberal y pietista.

En 1879 fundó la Universidad Libre de Amsterdam, en la que enseñó por un espacio de 20 años. Era “libre” en cuanto no estaba bajo el control del Estado, según su principio de que la “soberanía de las esferas” tiene el respaldo de Dios para ejercitar su autoridad independiente. Siete años después, en 1886, dirigió un éxodo masivo de 100.000 creyentes de la Iglesia estatal para formar la Iglesia Reformada Libre, que después se unió a un grupo disidente anterior, dando como resultado las Iglesias Reformadas de Holanda (Gereformeerde Kerken in Nederland).

Apoyado en la doctrina reformada de la gracia común —motivo central de su teología y pensamiento— desarrolló su teoría de acción social cristiana, por la que los cristianos no tenían que apartarse del mundo, sino entrar en él aportando las riquezas de pluriforme perspectiva cristiana. F. Schaeffer (v.) fue gradualmente influenciado por su pensamiento y contribyó a popularizar algunas de las ideas centrales de Kuyper, aunque su visión de la “correlación de la verdad” está por explorar en el mundo evangélico. Toda su obra es de un alto calibre intelectual y académico, donde la filosofía sirve a la ve y la fe ilumina a aquella.

“Vedle como estudiante —escribe Samuel Vila (v.)—, pastor o predicador, teólogo o profesor de universidad, hombre de Estado, filósofo o científico; en cualquiera de estos aspectos le encontramos como un hombre de grandes principios, ferviente devoción y de un poder sobrehumano.”

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